El sushi pescó a los uruguayos

El sushi demoró cerca de 170 años en llegar de Oriente a los orientales, pero siguiendo una tendencia mundial conquistó el más carnívoro de los paladares y hoy es rentable hasta para negocios que se dedican exclusivamente a su delivery.

La popularización del sushi en Uruguay generó más competencia, precios más asequibles y una mayor oferta de insumos para prepararlo. Algunos puristas se quejan de que fue “bastardeado” porque no todos lo preparan con los mejores productos, como deberían.

En el pequeño nicho local que se abrió hay lugar para la controversia. Y para un apetito que desafía la cultura gastronómica de un país que consume un promedio anual de 6,7 kilos de pescado por habitante –cifra que trepa a unos 9,6 kilos en Montevideo– frente a los 58,2 kilos de carne bovina que se consumen por persona y por año.

“Quizá en nuestro imaginario estaba eso de que el uruguayo solo come milanesas, panchos y parrilla. Pero también come sushi”, dijo Rodrigo Vera, que junto con su socio Diego Charlone abrió Sushi Go en 2010, un comercio en Pocitos que vende al mostrador y por envíos unas 10.000 piezas de sushi por semana.

En un local de 40 metros cuadrados, que les permitió ahorrar en costos fijos y abaratar el producto final, seis cocineros trabajan con la rapidez de una fábrica de ensamblaje. Todo a la vista del público que, según Vera, incluye desde paseantes con el mate abajo del brazo a una madre que regala a su hijo una bandeja de sushi cada vez que aprueba un examen.

No es el único joven uruguayo que ha sido “sushizado”. “Tengo una clienta que casi todos los días compra una vianda para llevársela a su niña al colegio porque es la única forma de que coma pescado”, contó Mie Sumi, que junto con su hermana Erika inauguró en 2007 un restaurante de sushi enfocado en el delivery. Lleva su apellido como nombre, Sumi, y tiene entre sus adeptos al embajador de Japón.

Desde que el chef japonés Hanaya Yohei creó la versión moderna del sushi en torno a 1820, esta comida recorrió varias partes del mundo antes de instalarse en Uruguay a mediados de los años ‘90. Fue creciendo a nivel local a medida que se puso de moda en Argentina y algunos uruguayos que viajaban al extranjero la probaban. Como es rica y sana, encontró su lugar en el mercado, dijeron varios chefs y proveedores.

El portal Saliracomer.com tiene registrados 18 restaurantes en Montevideo que ofrecen sushi, desde pioneros como Café Misterio, Bar 62 y Bar Tabaré a más recientes como Bamboo, Itamae, UMI, Kokoro, Siam y Francis. Otros negocios se especializan en los envíos, aunque en algunos se puede comer en el local: Sumi, Maki Sushi, Hiroshima Mon Amour, Sushi Go y Sushi Soul. En Maldonado hay 15 restaurantes registrados sin contar el hotel Conrad, que también hace sushi.

Los precios son variados. Por poner un ejemplo, los combinados más grandes –que suelen tener unas 32 piezas-, van de $500 a $800 en tres restaurantes de Montevideo que listan los precios en sus portales.

Tienda Inglesa vende entre sus 10 sucursales un promedio de 8.000 bandejas de sushi por mes. “Hemos tenido un crecimiento sostenido en las ventas de un 12% a 14% por año desde 2004”, momento en que empezaron a producir sushi, dijo Fernanda Caballero, jefa de perecederos de la cadena de supermercados.

El sushi es “de primera calidad, con una seguridad de manipulación importante y productos frescos como el salmón que viene todas las semanas de Chile”, aseguró.

Hay desde bandejas de seis unidades a $99 hasta bandejas de 30 piezas por $479. También reciben encargos para eventos. “El mes pasado hubo una señora que festejaba 50 años y pidió 1.000 piezas”, contó Caballero.

Los padres uruguayos
Mar Austral y Ártico son los principales importadores de salmón fresco para venta interna, según dijeron varios de los entrevistados.

El producto estrella del sushi no se utiliza solo con esos fines: se vende a supermercados y restaurantes que lo ofrecen en diversos platos. Pero Mar Austral, por ejemplo, lo empezó a importar a Uruguay en 2003 gracias al sushi.

Los fundadores de Mar Austral —Hernán Ponce de León y Fernando Guarch— dijeron que el director gastronómico de Café Misterio, Juan Pablo Clerici, acaudilló junto con ellos los esfuerzos para traer salmón fresco al país.

Clerici, confeso “maniático del pescado”, afirmó que Café Misterio es el único lugar que adquiere el salmón fresco entero, no en filete. “Lo compramos con cabeza, lo limpiamos y sacamos las espinas una por una con una pinza”. Según explicó, la máquina que filetea el salmón y le quita la espina interna rompe mínimamente la carne. Son detalles ínfimos. Pero a él le preocupan. “¿Locura, manía? Me importa tres pepinos”.

Café Misterio contrató en 1995 al paulista Marcelo Salvador, el “padre” del sushi en Uruguay que trabajó en el primer restaurante de sushi en el país, un local en Bulevar Artigas que duró pocos meses. El sushiman Javier Fernández, socio del restaurante UMI y docente de cursos de sushi en el Gato Dumas, fue discípulo de Salvador cuando trabajaba en Café Misterio. “Fue la oportunidad que me dio la vida”, aseguró.

Fernández es uno de los pocos chefs que compra atún fresco para el sushi, casi imposible de conseguir en Uruguay porque todo el atún que se pesca aquí es exportado. Los proveedores son Yoshinori Yagi, dueño de Tayma Yagi, un negocio familiar dedicado a la importación de productos de cocina japonesa y la empresa Boutique del Mar en Punta del Este. Ambos se asociaron recientemente para impulsar el consumo interno de pescados y mariscos nacionales.

En 2010, lograron un acuerdo comercial con un barco pesquero de bandera uruguaya para recibir cada dos semanas entre 200 y 500 kilos de atún apto para sushi. Hay de dos tipos: el aleta amarilla y el ojo grande, de calidad “premium”. Cuestan unos $210 el kilo, aunque el ojo grande puede llegar a salir un poco más. También esperan pronto recibir pulpo fresco.

Yagi, de padre japonés y madre uruguaya, fue un precursor en muchos sentidos. Fue el primero en traer sake –una bebida alcohólica japonesa hecha a partir del arroz- a Uruguay en 1998. También fue el primero en importar algas y wasabi –el clásico condimento verde y bien picante para el sushi– en 2001.

“En 2001 traíamos unos US$ 800 en mercadería cada seis meses y con eso abastecíamos el mercado. Ahora traemos más o menos US$ 8.000 en mercadería cada seis meses”, dijo. Importa cerca de 40 productos de cocina japonesa, incluyendo artículos de bazar como cuchillos artesanales hechos a mano, artículos decorativos y condimentos variados de Japón, Estados Unidos y Argentina.

El arroz de grano corto que debe utilizarse para el sushi, con menos de cinco milímetros de largo, es producido en el país.

La pionera fue Agridiamond S.A., una empresa japonesa radicada en Uruguay desde hace más de 30 años que empezó a cultivar arroz de grano corto en 1995, contó Gustavo González, su encargado comercial.

“Producimos en promedio 3.000 toneladas por año. El 90% es para la exportación”. Aunque a nivel nacional venden un porcentaje bajo, porque el mercado es chico, González ha notado un aumento en el número de comercios que hacen sushi, muchos de los cuales son sus clientes.

El sushi tuvo intrépidos precursores en Uruguay. Muchos ven con buenos ojos el crecimiento de un consumo que denota un paso de la moda al hábito. A juicio de Juan Pablo Clerici tiene sus consecuencias: se ha “bastardeado” por algunos que no respetan la calidad de los productos. Pero la mayoría de los entrevistados coincide en que el aumento de su oferta y demanda demuestra que el paladar nacional se diversificó. En otras palabras, que los uruguayos picaron el anzuelo. Y quedaron enganchados.

Publicado en El Observador el 28 de agosto de 2011.

El desafío económico de Humala

El principal desafío que enfrenta el candidato de izquierda Ollanta Humala, ganador de las elecciones en Perú, es tranquilizar los temores de los inversores de que cambiará “las reglas del juego” en la economía del país, sin dejar de lado las políticas sociales que prometió durante su campaña, dijeron analistas a la Voz de América.

“Hay izquierdas moderadas, modernas, evidentemente no hay ningún problema con llevar un país en esa forma. Lo que no se quiere es un cambio traumático de las reglas del juego, que no falte la inversión extranjera y la inversión privada, que es cuatro veces mayor que la inversión estatal”, dijo a la Voz de América Humberto Speziani, director de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP) de Perú.

Si bien Humala adoptó una posición más moderada durante su campaña y dijo que respetará la política monetaria actual, su victoria fue mal recibida por los inversores, provocando una caída histórica en la Bolsa de Lima del 12,51% que obligó al regulador a cerrar anticipadamente sus operaciones hasta el 7 de junio.

Inversionistas y expertos económicos pidieron que el ganador de la segunda vuelta electoral nombre cuanto antes un ministro de Economía que despeje las dudas de que ejercerá un control estatal más fuerte sobre la economía.

“El curriculum del señor Humala no es muy promercados”, dijo a la Voz de América Alberto Arispe, gerente general de Kallpa Securities, Sociedad Agente de Bolsa de Perú. “Ha ganado por el voto popular, pero ha llevado a cabo una campaña desde 2006 –primera vez que se postuló (a la presidencia de Perú)- con un discurso muy antimercado”, sostuvo, recordando que en ese entonces recibió el apoyo del presidente venezolano Hugo Chávez.

“La gran pregunta es si ha cambiado de pensamiento en (los últimos) dos meses”, agregó Arispe. “Creo que el mercado está esperando el nombramiento de un ministro de Economía, quién va a manejar las finanzas, que tranquilice a los inversionistas y demuestre que va por la senda del mercado”.

Pero el mayor reto para Ollanta Humala será convencer al sector empresarial de que no llevará a cabo una “chavización” de la economía, sin por ello defraudar a su electorado, que reclama una mayor inclusión social en un país que ha experimentado uno de los crecimientos económicos más altos del mundo en los últimos cinco años junto a China e India.

Humberto Speziani, director de CONFIEP, dijo que si bien el crecimiento promedio de la economía en Perú fue del 8,8% en 2010 y se mantuvo en esa cifra en el primer trimestre de 2011, la pobreza es del 30% y un 10% vive en la extrema pobreza.

Las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática del país muestran que entre 2001 y 2010, la pobreza disminuyó 23,5 puntos porcentuales, un logro muy destacable, pero hay que “hacer algo más para (que haya) mayor inclusión social”, explicó.

“Tenemos el mejor ambiente de negocios en muchas décadas, crece la inversión pública y se reduce gradualmente la pobreza… ¿Entonces? ¿Qué falta tener en cuenta para entender esta situación?”, se preguntó por su parte José Gallardo, profesor del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Perú en un artículo publicado en el sitio web de la institución.

“Pues las variables económicas que son importantes para la gente común, las que se vinculan directamente con su bienestar: 1) el crecimiento de la productividad, 2) la distribución del ingreso y 3) la situación del empleo. Los éxitos en los primeros indicadores no se condicen con el desempeño de estos últimos”, sostuvo.

Quizá por este motivo el presidente de Perú, Alan García, deja su gobierno con exitosos números macroeconómicos, pero con un nivel de desaprobación del 64%, según una encuesta del Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) difundida el 11 de mayo. Y en su lugar, asuma alguien que representa una apuesta riesgosa, pero una apuesta al fin y al cabo.

Publicado en www.voanoticias.com, de la Voz de América, el 7 de junio de 2011

Mujica y Chávez hablan de Libia

El presidente venezolano Hugo Chávez reiteró sus críticas ante lo que considera una “agresión imperial” en Libia y dijo que las operaciones militares en el país tienen como objetivo no sólo adueñarse del petróleo, sino también de sus $200 mil millones de dólares en reservas internacionales.

En una rueda de prensa junto a su homólogo uruguayo José Mujica, el mandatario dijo que en noviembre del año pasado se “atrevió” a preguntarle al coronel libio Muamar Gadhafi dónde estaban colocadas sus reservas, y Gadhafi respondió que las tenía aseguradas en Europa y Estados Unidos.

“¿Aseguradas? Nadie sospechaba lo que iba a ocurrir”, dijo Chávez en la conferencia de la que participó Voz de América. “Le congelaron eso a Libia, se están robando $200 mil millones de dólares del pueblo libio. Tengo un mes diciendo eso y nadie responde en Europa la pregunta que hago. ¿Dónde están las reservas del pueblo de Libia? Además, quieren adueñarse del petróleo”.

Chávez, en cambio, dijo que a poco tiempo de asumir el poder en Venezuela siguió los consejos del líder cubano Fidel Castro y retiró todas sus reservas de los bancos estadounidenses. “Ayer fue Venezuela con el golpe de Estado, hoy es Libia, mañana puede ser cualquier otro” país, consideró el presidente.

En este contexto, Chávez dijo que es importante para América Latina avanzar en la creación del Banco del Sur para que las reservas internacionales de los países de la región no sean controlados por Europa y Estados Unidos.

“En vez de tener esos dineros allá en el norte, los traeríamos para acá. No digo que todo sino una parte de las reservas”, explicó. “Así como los países del norte usan nuestro dinero…¿Saben para qué lo usan? De los depósitos venezolanos vienen y le prestan algo a Uruguay. Nos pagan el 1 por ciento de interés y le cobran el 10 por ciento a Uruguay, con nuestro dinero. Es el coloniaje económico”.

Chávez instó a los congresos de cada país de la región a aprobar la creación del Banco del Sur, medida que hasta ahora sólo fue aprobada por los legislativos de Ecuador y Venezuela.

Mujica, por su parte, reconoció que si bien el Banco del Sur es el “sueño de los pobres”, no será fácil llevar a cabo este proyecto: “Todo lo que hacemos (en la región) tiene dificultades porque venimos de atrás, pero son escalones en nuestra larga lucha”. Pero dijo que instará al Congreso uruguayo para que apruebe el proyecto.

Chávez: no será necesario ofrecer asilo a Gadhafi

Consultado respecto a si le ofrecería asilo político a Gadhafi si llegara a ser necesario, el mandatario venezolano dijo que ha hablado “una o dos veces” con el líder libio telefónicamente, pero descartó que eso suceda porque Gadhafi aseguró que se quedará en Libia hasta el final.

“Creo que Gadhafi está haciendo lo que tiene que hacer, resistir una agresión imperial”, consideró Chávez. En este contexto, dijo que la actual situación en Libia y las guerras en Irak y Afganistán demuestran que el “mundo está al revés”, y prueba de ello es que el mandatario estadounidense Barack Obama haya ganado el Premio Nobel de la Paz.

El presidente José Mujica, en tanto, evitó hacer las mismas críticas que las de su homólogo venezolano y se mantuvo en silencio respecto al tema.

Pero hacia el final de la rueda de prensa dejó en claro que “para los uruguayos la cuestión de las intervenciones está en los gérmenes más profundos de su origen y de su historia nacional”, y por principio Uruguay se opone históricamente a las intervenciones extranjeras en otros países.

Nuevos secretarios de la Unasur

Los presidentes de Uruguay y Venezuela ratificaron que en los próximos dos años el cargo de secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) lo asumirá la política y diplomática colombiana María Emma Mejía en el período 2011-2012, y el actual ministro de Energía de Venezuela, Alí Rodríguez, en el período 2012-2013.

“Llegamos a un acuerdo que se aprobó a nivel de los cancilleres de Unasur. Es un hecho ya pues”, dijo Chávez.

Publicada en www.voanoticias.com, de la Voz de América, el 30 de marzo de 2011.

Un alquimista de los sonidos

Garrafas de gas, platillos de baterías, partes de pianos, troncos de madera, alambres… Sin tener una formación musical académica –y sin pretender tenerla-, el escultor uruguayo Gabriel Monteverde manipula, transforma y recicla deshechos y elementos orgánicos hasta encontrarles un sonido.

No son instrumentos, son esculturas sonoras. Es una distinción importante para Monteverde: cualquiera puede sentirse intimidado al tocar el violín si no tiene los conocimientos musicales necesarios, pero las esculturas sonoras invitan a que todos jueguen e interactúen sin miedo al ridículo.

En La Vieja Telita, su taller en la Ciudad Vieja de Montevideo, que también es su casa y un espacio cultural, exhibe algunas de las esculturas sonoras. También tiene a la vista instrumentos no convencionales que ha recolectado y comprado durante años con el fin de elaborar un pequeño museo.

El proceso de elaboración de estas esculturas dice mucho de cómo este artista de 45 años se vincula con su entorno y su barrio. Muchas veces los vecinos le traen troncos, cuerdas, tanques de metal y otros objetos que encuentran y que saben que le pueden venir bien, contó Monteverde a la Voz de América. Y su obra está destinada a ellos, a los que van a su taller-casa-centro-cultural, que suele tener las puertas abiertas durante el día.

Todos son bienvenidos en La Vieja Telita. Va con el espíritu del lugar. Su fundación se remonta a 1918, cuando el abuelo de Monteverde, Rafael D’Alessandro, abrió la Provisión Artigas en la que vendía frutas y verduras.

Con los años, los cajones de verduras empezaron a ser utilizados al final de la jornada laboral como asientos en los que escritores, poetas, periodistas y pintores de la época se reunían para tomar su “debido descanso” y compartir vinos con los familiares de Monteverde.

“El nombre ‘La Telita’ se lo dio la gente”, contó el escultor, “porque las telas de araña colgaban del techo”. Lo que hoy puede parecer poco higiénico en realidad seguía una lógica contraria: “Si uno se sitúa en lo que es un comercio (de esa época) dirigido por un italiano, huertero, el tener telarañas era la forma más prolija y ecológica de controlar la plaga de la mosca. Eran intocables”.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano dedicó un pasaje a este almacén-bar: “La Vieja Telita que durante el día funcionaba como verdulería y de noche era lugar de encuentro de poetas, artistas, y gente muy diversa (…) era un lugar, muy importante, de todo lo que significaba lugar de encuentro (…) ese lugar tiene importancia histórica porque es un símbolo de los tiempos en que Montevideo tenía tiempo para perder el tiempo”.

En los años 70, la provisión cerró y pasó a ser una casa-habitación, luego un depósito de la familia, hasta que Monteverde se hizo cargo y abrió un merendero para los niños del barrio. Con el tiempo el comedor cerró, pero Monteverde aseguró que el lugar siempre se mantuvo como un referente cultural y social de la Ciudad Vieja.

En 2005, el artista abrió el espacio cultural. Hoy tiene libros sobre medicinas alternativas, se organizan reuniones y talleres de forma espontánea y están los instrumentos en exhibición.

Aún está en proceso de evolución. Monteverde quiere implementar cambios, organizar más actividades. Pero esta obra sin terminar es parte de la historia circular de La Vieja Telita, que se recicla continuamente, al igual que las esculturas sonoras.

Publicada en www.voanoticias.com, de la Voz de América.

El taller que calza a Broadway

Por afuera, el taller de calzados artesanales de los hermanos Kollaián no dice mucho. Pequeño e insertado entre dos casas con similares fachadas, sólo se distingue por un modesto cartel que dice “Marant”, el nombre de la empresa. Geográficamente, el taller está ubicado en un barrio de clase media de Montevideo llamado Capurro, y no en las zonas más comerciales de la capital uruguaya.

Pero los zapatos que producen en este taller hacen un largo recorrido: son exportados a Estados Unidos, países de Europa y de Asia. Y el destino final de muchos de estos calzados es Broadway. Ni más ni menos. “Si hoy vas y caminás por esa calle, la mayor parte de las marquesinas fueron calzadas por nosotros”, contó a voanoticias.com Melina Kollaián, una de las dueñas del taller.

La zapatería de la familia Kollaián es una historia en ascenso. Una empresa que fue fundada por el padre de Melina, que aprendió el oficio de la zapatería artesanal de muy joven, y era un amante de los calzados femeninos. Tenía muy buen gusto, tanto que le compraba la ropa a su esposa, la madre de Melina.

En 2002, la empresa casi se vino abajo. Afectada por la fuerte crisis económica que golpeó a Uruguay en ese entonces, Marant no producía ni vendía zapatos. Y encima, el padre de Melina falleció. Ella y sus hermanos tenían dos opciones: reflotar el negocio, o emprender cada uno por su lado.

Optaron por el camino más difícil y siguieron el legado de su padre. Pero fueron astutos. En vez de dedicarse a la producción de zapatos comunes y corrientes, de uso diario, buscaron un nicho de mercado. Y lo encontraron: los zapatos de tango.

Melina y sus hermanos dedicaron tres años a estudiar cómo hacer zapatos de tango. Incluso tomaron clases, para darse cuenta de qué factores debían tener en cuenta a la hora de producir este calzado, que se caracteriza por sus tacones altos de hasta 12 centímetros.

Tanto practicaron que se convirtieron en especialistas del zapato de tango. Luego, se diversificaron y aprendieron cómo hacer zapatos de otras danzas, como la salsa.

Melina dijo que hoy por hoy, el 97% de los zapatos que producen son de baile. Tienen capacidad como para producir un máximo de 100 pares diarios, aunque las cantidades varían. En cuanto a los precios, los de tango, por ejemplo, cuestan de $ 125 dólares para arriba.

Tan bien hacen los zapatos de baile que fueron descubiertos por Broadway y actrices de Hollywood que ella prefiere no nombrar. Pese al éxito, esta familia se caracteriza por su perfil bajo y por enfocarse más en el trabajo que en la publicidad.

Lo increíble de los zapatos Marant es que son producidos de forma artesanal. “De principio a fin”, según Melina. Hay nueve trabajadores en el taller, incluyendo a los tres hermanos Kollaián. Casi no usan máquinas. Supervisan todo el proceso, desde la elección de los materiales a la puesta en caja del zapato. El resultado es un calzado de altísima calidad.

Melina dijo que una vez, un cliente japonés que dedica seis meses al año a recorrer fábricas de zapatos visitó su taller. Y les dijo: “Me sobran los dedos de la mano para decir cuántas fabricas en el mundo fabrican un zapato como lo elaboran ustedes”.

¿Se sienten orgullosos de lo que lograron? Sí, dijo Melina, aunque prefieren tomarse el éxito con calma y con responsabilidad. Paso a paso.

“Fue un camino muy duro el de estos años, de muchísimo trabajo -inexplicable-. No sabíamos muy bien hacia dónde íbamos, ni siquiera hoy sabemos. No tenemos metas, sino que las metas van apareciendo en la medida que se te plantean desafíos nuevos”, concluyó.

Esta nota fue publicada en Voanoticias.com, la página web de Voice of America, en Washington D.C.

El tango se baila con altura

Hay una clase de mujer entrenada para usar tacones altos: la mujer tanguera. Para ella, los tacones son una extensión del cuerpo, diez centímetros más de altura, que le dan el porte necesario para bailar al ritmo del dos por cuatro.

En los tiempos que corren, podrá parecer anticuado –y un poco injusto- que las mujeres deban relegar la comodidad frente a la elegancia.

Pero en el tango, el uso del tacón no está impuesto de manera arbitraria. Es necesario que el zapato tenga tacones porque así lo requiere la técnica del baile, explicaron a voanoticias.com profesoras, bailarinas, y expertas en tango. Y esta regla no se aplica sólo para las mujeres, los zapatos de los hombres también deben tener cierta altura.

“Los zapatos tienen que elevar el talón a una altura mínima, porque en la técnica del tango, el peso del cuerpo lleva a que eso deba ser así”, dijo Melina Kollaián, una de las dueñas de la zapatería Marant, que se dedica a la producción artesanal de calzados finos en Uruguay.

Kollaián debe ser de las personas que mejor conoce los requisitos necesarios para hacer un buen zapato de tango. Durante años, tomó clases de tango junto con su hermano, otro de los dueños de Marant, para entender cómo se debían elaborar estos zapatos. Además, pusieron a prueba sus creaciones con bailarines profesionales.

Recién, a los tres años de comenzar a estudiar el producto, llegaron a su versión final. Un zapato de tango tan bien hecho, que la familia Kollaián patentó su método de elaboración. Y tan exitoso, que lo exportan a Estados Unidos, a países de Europa y de Asia.

“No es un zapato de mujer común y corriente, ni de fiesta ni para ir a trabajar”, aseguró Kollaián. “Requiere de una ingeniería especial”.

Nótese que usó la palabra “ingeniería”, como si describiera la elaboración de un cohete espacial. Pero de cierta manera, lo es, porque todas las piezas deben encajar a la perfección para que la bailarina pueda “despegar”.

“El eje del calzado, cómo está puesto el taco, los buenos agarres para que el zapato no se salga. Un diseño que siga la forma natural del pie. Flexibilidad. Comodidad. Todo esto se debe tener en cuenta y más”, dijo Kollaián.

Los tacones también responden a una cuestión estética, según dijeron las personas consultadas por voanoticias.com. El tango es un baile melancólico, sensual. Sería imposible transmitir esta imagen con un par de zapatos bajos.

“El lucimiento de tu vestido, de tus piernas, de tu baile, es el zapato. El zapato es todo. No importa que el vestido sea de calidad, o no, pero la elegancia está en el zapato”, dijo la uruguaya Margot Mateauda.

En su hogar, realiza desde hace diez años una milonga todos los martes y jueves. Una milonga es un evento o lugar en el que las personas se reúnen para bailar tango. Y Mateauda, que hace de anfitriona durante horas y está de pie toda la noche, usa tacones.

De día, en su trabajo como funcionaria pública, también los usa. “Tenía un jefe en la oficina que me decía: ‘A ver, camine un poquito porque yo no puedo creer que esta mujer esté todas estas horas trabajando con esos tacones. ¿No se cansa?’ Y yo le respondí: ‘No, me canso si no los tengo puestos’”, contó Mateauda.

Está tan acostumbrada a usar tacones –y es tan coqueta- que no distingue entre la pista de baile y las calles de Montevideo. Caminar erguida es, para ella, una cuestión de actitud.

“Yo necesito, por mi forma de ser, usar tacos (tacones). Si no es como si no estuviera vestida”, dijo. Aunque hace cuatro años se cayó por una escalera y se fracturó tres partes del cuerpo, aún usa zapatos con tacones. Ya no son de diez centímetros, como suelen tener los zapatos de tango, pero sí son de seis o siete centímetros.

Las nuevas generaciones de mujeres tangueras se permiten más libertades.

Verónica Lagomarsino, una bailarina y profesora de tango de 37 años, dijo que ni se le ocurriría caminar por las calles de Montevideo, capital de Uruguay, con zapatos de tacones altos. “Con todos los pozos y baldosas flojas que hay, ¡me muero!”, dijo a carcajadas.

Cuando llegó al club deportivo en el que imparte clases de tango todos los sábados, llevaba puestas unas botas de cuero gruesas, de estilo militar y con una suela casi chata. A los cinco minutos, sus pies se vistieron de tango: se calzó unos zapatos rosados, con tacones, de la zapatería Marant.

“Creo que el tacón alto es algo que está ligado con lo femenino”, consideró. “Y por la proximidad que uno tiene con la pareja y la proyección que necesita en el cuerpo, el tacón ayuda”.

Aunque todas las mujeres usen tacones para bailar tango, no siempre se verán iguales. Y con la variedad de modelos que hay actualmente, cada una puede optar por un estilo que vaya con su personalidad.

“Yo busco zapatos cómodos, coloridos, que al mismo tiempo se vean como de nena. Pero también que tengan algo de transgresión y que no me hagan ver igual al resto”, dijo Lagomarsino.

Femenina, sí. Dócil, no.

Publicado en Voanoticias.com, la página web de Voice of America, en Washington D.C.

Desde el cielo uruguayo

Hay personas que nacen con alas para volar. En el caso de Ignacio Guani, de 36 años, sus alas son el paramotor que utilizó para recorrer Uruguay durante cuatro meses, en los que sacó más de 10.000 fotografías aéreas de campos, bosques, cultivos, ríos y playas. Un recorrido por las bellezas naturales del país a 150 metros de altura.

El resultado de ese viaje –realizado en el verano de 2008– podrá verse en una exposición en septiembre en la galería de arte MVD, ubicada en la Ciudad Vieja de Montevideo, frente al emblemático Mercado del Puerto. Habrá 45 fotografías de un metro por 40 centímetros, la mayoría panorámicas, contó Guani a voanoticias.com.

En esa exposición, también se rematará el único “cable a tierra” de Guani durante el recorrido: la furgoneta que utilizó para trasladarse de Oeste a Este, que equipó con cocina, horno, GPS y computadoras para editar las fotos (vale aclarar que todo este equipo no será rematado).

Con el remate de esa furgoneta y la ayuda de los sponsors de su primer viaje, Guani dijo que espera juntar fondos para comprarse un motorhome más moderno y realizar otro viaje por Uruguay, esta vez acompañado de un compañero que lo libere del trabajo de editar las fotografías mientras él vuela. Y luego, planea editar su propio libro de fotografías.

No suena como un mal plan. Guani, que siempre trabajó como fotógrafo profesional, reconoció que con sus viajes en paramotor no se hará millonario, pero se divierte y gana suficiente dinero como para mantenerse, según dijo.

El viaje que hizo en 2008 le costó unos $ 20 mil dólares, contó, pero logró recuperar esa inversión vendiéndole fotografías a sus clientes –dueños de estancias turísticas y de agricultores que le pedían libros personalizados con fotos de sus establecimientos para promocionarlos–.

Aún después del viaje, mantuvo contacto con sus clientes y por lo menos una vez a la semana viaja desde Montevideo al interior del país a hacer fotografías por encargo. “Ahora voy a hacer una foto aérea de un campo, en el que van a encerrar 800 caballos criollos y los van a hacer galopar al lado de un lago”.

Quizá una persona más estructurada no se animaría a llevar una existencia tan frugal e improvisada como la de Guani. Pero él, en cambio, dijo que no se imagina como fotógrafo de estudio, su versión de lo que sería un trabajo de oficina.

“Siempre fui igual”, dijo Guani. “También viajé en una vespa por Sudamérica”.

Y en el caso de Uruguay, dijo que le sorprendió conocer a su país desde arriba: “Es bastante diferente. La costa está buena. Y los dibujos que hacen los canales de las arroceras, parecen platos voladores. Cada paisaje tiene algo diferente”.

Publicado en Voanoticias.com, la página web de Voice of America, en Washington D.C.

Muchos gauchos, ningún gol

El grito de gol no resonó en el bar El Gaucho. Los uruguayos que fueron a ver el partido a este local – bautizado por los dueños como “el bar del Mundial” – pasaron de la euforia a la resignación, y en algunos casos al conformismo.

“Yo lo que no quería era perder”, dijo a voanoticias.com Martín Ortellado, de 30 años. “Pero recién decía que lo lindo que tenemos los uruguayos es que empatamos y estamos contentos”.

No todos en el bar compartían esta actitud tan conciliadora.

“Yo me tenía mucha más fe antes del partido”, aseguró Martín Laborite, un joven que se vistió para la ocasión con un gran sombrero de galera color azul, la camiseta de la selección y la bandera de Uruguay enrollada al cuello.

“Ahora hay más desazón que alegría por haber sacado un punto”, dijo Laborite, con semblante serio. Sus amigos no se apiadaron de su desilusión: “Es la nota más aburrida que diste en tu vida, che”, le dijeron a las risas.

Apenas terminó el partido Uruguay-Francia, El Gaucho quedó vacío, con menos de cinco mesas ocupadas – una de ellas por un mozo que aprovechó para almorzar.

Pero este restaurante promete ser uno de los puntos calientes de Montevideo para ver los siguientes partidos del Mundial. Por lo pronto, el debut de la selección uruguaya se vivió con emoción en este céntrico bar.

A las 15.30 horas, el restaurante estaba repleto de personas enfrentadas a tres televisores adquiridos durante las eliminatorias. En palabras de Ángel García, uno de los mozos, no volaba “ni una mosca”. Toda la atención estaba puesta en el partido.

Eso sí: a algunos espectadores se les notaba la agonía en los rostros. “La estamos sufriendo y pasando bien a la vez”, dijo Gladys Palacios, de 51 años, que ocupaba una mesa junto a su hija y la pareja de ésta.

Y cuando Uruguay se acercaba a la puerta del gol, las manos volaban a las cabezas y el grito se asomaba a los labios. Algunos se callaban; otros no podían resistirlo y se paraban de sus sillas a exclamar.

¿Por qué hay que regresar a El Gaucho?

Los dueños quisieron que este fuera el “bar del Mundial” y no escatimaron en decoración alusiva al gran evento.

En el techo, largas bandas color azul y un gran sol amarillo forman la bandera de Uruguay. En las paredes, hay pequeñas banderitas del país y redes con pelotas colgando.

Los mozos usan camisetas de la selección con su nombre grabado atrás. “Cuando nos hicieron la propuesta de llevar las camisetas, ni lo pensamos. Todos dijimos que sí”, aseguró García, uno de los mozos.

Diego Mato, uno de los dueños, contó a voanoticias.com que colgarán en una de las paredes del local un “fixture” gigante con las fechas de todos los partidos y los resultados en blanco para rellenar.

Durante un mes, este “fixture” cubrirá una reproducción de un cuadro del pintor uruguayo Juan Manuel Blanes que ilustra a los valientes e indómitos gauchos – los “cowboys” que poblaron las tierras rurales de Argentina, el sur de Brasil y Uruguay a lo largo del siglo XVIII y mediados del siglo XIX.

De ahí el nombre del restaurante El Gaucho. Y de ahí la reputación que se forjaron los rioplatenses – con el fútbol como uno de los principales símbolos de su masculinidad – que no querrán deshonrar.

Publicado en Voanoticias.com, la página web de Voice of America, en Washington D.C.

En el fútbol, la razón no alcanza

Desde un vendedor de tortas fritas al presidente de la República, son muchísimos los uruguayos que no se conforman con alentar a su selección. Quieren hacer algo más por ellos. Algo que los ayude a ganar.

¿Vieron el primer partido en el bar de la esquina y Uruguay ganó? ¿Usaron la bandera uruguaya atada al cuello y les dio resultado? ¿Algún conocido está prohibido de acercarse al televisor por ser yeta?

Así están los uruguayos, presos de miles de cábalas que reafirmaron a medida que Uruguay avanzó hacia cuartos de final. Y en el partido contra Ghana, los hinchas harán lo imposible por mantener sus rituales.

“Mañana voy a tratar de ver el partido con mi hijo en mi casa, y con la bufanda de Uruguay al cuello. Ésa es mi cábala”, dijo a voanoticias.com el subsecretario del Ministerio de Industria, Edgardo Ortuño.

Aunque el partido se juega en horario laboral, Ortuño dijo que está “presionado y motivado” para cumplir con la cábala que estableció junto a su hijo de siete años.

Para el ministro de Turismo y Deporte, Héctor Lescano, también es cábala ver los partidos junto a su hijo, Pancho. Y a su lado, tiene una bandera de Uruguay y de Liverpool, el cuadro nacional del que es hincha.

“Se conversa mucho sobre el tema de las cábalas”, dijo Lescano. “Mi secretaria, por ejemplo, viene con la camiseta y la tiene puesta todo el día”.

En el ministerio colocaron cuatro televisores para ver los partidos, al igual que en muchas oficinas públicas y privadas del país. La estrategia les salió bien: seguir el Mundial allí se convirtió en cábala para muchos empleados, y así no faltan al trabajo, contó Lescano.

Conjuros para ganar

Un vendedor ambulante de tortas fritas, Roberto Furtado, dijo que su cábala es ver el partido en su casa.

Es un ritual que comparten muchos uruguayos. Dos legisladores consultados por voanoticias.com –Jorge Larrañaga, del Partido Nacional, y Alberto Couriel, del Frente Amplio – dijeron que intentarán ver el partido en sus casas este viernes.

Larrañaga llevará puesta una camisa celeste con una rayita blanca. “La empecé a usar en el primer partido. Luego en el segundo, y después seguí esta tradición”, contó.

Couriel verá el partido en su casa, “en el mismo asiento y con la misma televisión”. En principio, lo verá solo, porque a su mujer no le gusta el fútbol. Pero lo que le importa es cumplir con la cábala, dijo.

El artista plástico Carlos Páez Vilaró estará acompañado de su gato, que casualmente – o no – se llama Mandela. Vilaró dijo que siempre ve los partidos con alguno de los tantos gatos que tiene. El viernes le toca el turno a Mandela.

“Lo buscaré por todos lados y voy a tocar su cabecita antes del partido. Será mi talismán. Luego, haré la señal de la cruz”, contó.

Mandela aportará lo suyo. Pero el talismán más importante del Mundial estará en manos de la selección celeste. El responsable de crearlo fue el mismísimo Páez Vilaró: una pelota de fútbol pintada con los colores de la bandera nacional.

Al parecer, el obsequio se convirtió en cábala para los jugadores uruguayos, y antes de cada partido tocan el balón. “Vi una foto en el diario de los chicos tocándola”, dijo Vilaró. “Me halaga mucho que la pelota esté en el centro de la esperanza”.

El presidente, José Mujica, también comparte una cábala con los jugadores. El viernes los llamará antes del partido para desearles suerte, como lo ha hecho hasta ahora, informó la prensa local.

“Las cábalas responden a una necesidad de las personas de querer hacer algo, de tener el control y participar en este proceso que engancha a todo el mundo”, explicó el psicólogo social Néstor Ganduglia.

“Aunque los acontecimientos sucedan al otro lado del océano, los uruguayos no quieren ser sólo espectadores. Quieren sentirse por dentro de este fenómeno”.

Los hinchas saben que en el fútbol, la lógica no siempre acompaña. Pero sobra la esperanza.

Publicado en Voanoticias.com, la página web de Voice of America, en Washington D.C.

“El pueblo haitiano saldrá adelante”

El misionero español Agustín Ferrer iba camino a buscar a su hija mayor de 14 años al colegio cuando sintió el temblor del terremoto. “Era como si veinte personas quisieran volcar el carro. Había gente chillando por las calles, no entendía nada”, relató.

Luego, regresó a su hogar junto a su mujer y su hija de 11 años, y los cuatro decidieron dormir en el coche porque lo sentían más seguro. Al día siguiente, partieron por sus propios medios hacia Santo Domingo, donde se encuentran actualmente. Durante el trayecto vio la destrucción causada por el sismo. “Había gente muerta en las calles, edificios destruidos, era espantoso”.

Ferrer dijo que su hija menor le preguntó cuándo regresaran “a casa”. Es que para esta familia misionera del Camino Neocatecumenal, enviada a Haití en 2001 por el Papa Juan Pablo II, el país más pobre y abatido de América es su hogar.

“En nuestro corazón está el deseo de volver a Haití, pero primero voy a cuidar a mi familia”, dijo Ferrer, quien vivió como un haitiano más durante estos ocho años. No tenía una casa de lujo y su estilo de vida no era como el de los blancos que pertenecen a la comunidad internacional. Sus hijas iban a la escuela pública, hablan creole y allí tienen sus amigos, contó.

“Al principio pensaron que éramos como los demás blancos. Pero luego fuimos aceptados como uno más”, dijo Ferrer. Como tal, conoce de cerca el sufrimiento de los haitianos y aseguró que confía en ellos porque han desarrollado una enorme capacidad de supervivencia a lo largo de su historia.

Voanoticias.com lo entrevistó para conocer su opinión sobre los enormes desafíos que enfrentará Haití de ahora en más.

Por lo que conoce de Haití y por la dimensión de esta tragedia, ¿cuál es el mayor obstáculo para la recuperación del país?

Creo que lo peor es la falta de instituciones. El problema de Haití es que era un Estado casi inexistente, simbólico, y esto acabó de desbaratarlo todo. La policía desapareció, la comunidad internacional se queja de que la ayuda no llega. Me dijeron que hay alimentos disponibles para 1 millón de personas y sólo llegaron para 3 mil. No hay quién coordine, no hay nada. Alguien tiene que tomar el liderazgo porque creo que este es un momento crítico a nivel de derecho internacional.

¿Cuál ha sido el rol del presidente René Preval en esta catástrofe?

Preval está fuera de juego. Está bloqueado. Nunca tuvo una autoridad reconocida, nunca fue líder y esto lo ha descolocado.

Son muchas las decisiones a tomar: si reconstruir la ciudad y dónde, buscar un nuevo terreno donde edificar, montar un campamento mientras se construyen las viviendas. Pero todos los edificios de gobierno se vinieron abajo, los ministros no aparecen, nadie responde, esa es la desesperación del pueblo haitiano y de la comunidad internacional, que creo que deberá tomar las riendas del asunto para que haya liderazgo.

¿Cuál será el impacto del sismo en la celebración de las elecciones legislativas, previstas para febrero, y en los comicios generales de noviembre?

Dudo mucho que haya elecciones este año. El proceso electoral ya estaba gravemente dañado en origen, viciado. Ya antes del terremoto les faltaba $ 25 millones de dólares para celebrar los comicios, imagínate ahora, que no existe el Estado. El drama es que esta tragedia supera a todo el mundo.

¿Cómo cree que ha sido la respuesta de la comunidad internacional?

Espectacular, creo que la gente se está volcando. Pero lo que más me emociona de ver, y esto no se menciona tanto en los medios, es la respuesta de República Dominicana. Si uno conoce un poco esta isla, venías hace unos meses aquí y te dabas cuenta que eran países muy distintos en cuanto a su historia, cultura, lengua, economía. Se daban las espaldas. El gran miedo del dominicano es que los haitianos se fueran para allá, había un discurso nacionalista y xenófobo utilizado por las élites dominicanas.

Ahora eso se ha desvanecido. Están dispuestos a ayudar. Hubo una ruptura de la mentalidad dominicana, no por la cantidad que puedan dar, sino por la actitud que tomaron ante la tragedia y eso me parece alucinante.

Haití, como usted dice, es un país que sufre tragedia tras tragedia. ¿Qué efecto cree que tendrá este terremoto sobre el ánimo de la población haitiana?

Es una situación desesperante. Pero el pueblo haitiano está entrenado por la historia al sufrimiento. Así como los demás países en Occidente no están acostumbrados a eso, ellos lo están, y creo que van a salir adelante y vamos a ver milagros y ejemplos de civismo espectaculares. La población nos va a sorprender.

Ya me sorprendió el día después del terremoto, en un campo de fútbol donde la gente se reunía para pasar la noche, escuchar sus cánticos. Miraban al cielo y le pedían a Dios que tuviera misericordia con ellos.

Habrá tensión y saqueos, eso es seguro y previsible, porque si eres padre de familia y tu mujer y tus hijos se mueren de hambre, estás dispuesto a hacer cualquier cosa y eso lo entiendo perfectamente, es lógico y humano. Pero yo confío en el pueblo haitiano. No en las élites ni en el Estado, pero confío en el pueblo.

¿Ser testigo de tanto sufrimiento afectó de alguna manera su fe?

No dudo en el amor de Dios. Muchas veces me entran dudas y cuestionamientos, pero no digo que Dios no quiera al pueblo haitiano. No los ha castigado para nada. Pero es un misterio y me reconozco criatura ante estos acontecimientos, y lo único que me queda es rezar por esta gente y por tantos amigos que han caído. La fe un combate hasta el día que te mueres.

Publicado en Voanoticias.com el 15 de enero de 2010.

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